En la tradición cultural del Marruecos sahariano, la música y la poesía siempre han ido juntas. En el desierto, no se organizaban conciertos, pero, se reunía la gente en la jayma en veladas poético-musicales. La refinada expresión musical consigue su razón de ser en el sentido poético; y viceversa, la creación poética se nutre de la música para florecer. Incluso en las declamaciones, la poesía hasaní recurre a la música y a los cánones de su sistema modal.

El Hawl

Para referirse a la música tradicional hasaní, en su sentido más amplio, se utiliza el término hawl, cuya etimología es poco conocida: ¿Se trataría de un sentido común que remite a nociones de gravedad y seriedad?  En efecto, en la cultura hasaní hay un sentido de solemnidad que, incluso cuando se asocia a la diversión, impone una presencia de espíritu y una disciplina de escucha, apenas interrumpida por la manifestación de alegría y expresiones de ánimo dirigidas al poeta. Respetando numerosos cánones, la música hasaní cobra su encanto y su refinamiento de su relación directa con el sentido poético. Este refinamiento se acentúa por el cuidado otorgado por los músicos a los matices del juego vocal y a los detalles de la técnica instrumental.

Gráfico sacado de la obra titulada «Azawan, la musique hassanie : voyage au coeur du Maroc
saharien», Ahmed Aydoun©, DTGSN© Rabat, 2011.

El hawl se compone tanto de la poesía declamada (legna) como de la música instrumental (azawan), dos campos, distintos y complementarios a la vez, que se sirven de todos los recursos creativos poético-musicales de los beidán. Con el término legna, la poesía declamada, se hace referencia directa a la música. El término azawan es, cada vez más, utilizado actualmente tanto por la música hasaní como por la música amazig. En cuanto a la danza, se relaciona en parte con el hawl, pero, puede también practicarse de forma autónoma.
Fiel a la tradición de príncipes del desierto (los emires), el hawl se organiza en presencia de un poeta (mganni), cantantes e instrumentalistas (igawn) y un público, a menudo advertido. Cada uno desempeña el papel que la tradición y su rango social le confieren.
El hawl posee virtudes pedagógicas y socializantes. Ayuda en la elevación del gusto, en la difusión de valores tradicionales del grupo social. Instala una disciplina de escucha de la cultura hasaní.

Una fiesta mora de los años 30 del siglo pasado
Según Odette Puigaudeau y Marion Sénones «Mémoire du Pays Maure, 1934-1960».

Los griots

La música y el canto  están practicados por los griots (iggawn), principales actores de la música hasaní. La música, en su sentido estricto, es el complemento y el fruto lógica de la poesía. Los iggawn son, pues, músicos “profesionales”, que componen y recitan poemas, cantan, tocan instrumentos y, a menudo, saben también bailar. Históricamente, se habían convertido en los acompañantes necesarios de la nobleza guerrera o sabia, desempeñando el papel panegírico y de bufón. Sin embargo, todas las demás capas sociales moras les tienen mucha admiración. Son de origen social y étnico variado, los griots se habían convertido con el tiempo en casta endogamia de la sociedad tradicional mora, lo que hizo que sus prácticas tengan secretos artísticos, heredados de padre a hijo.

«Los griots» de Marion Sénones (1950).
Según O. du Puigaudeau et M. Sénones, Ibidem.

Los instrumentos musicales

Los músicos han venido utilizando un conjunto de instrumentos  tradicionales pertenecientes a las tres familias de cordófonos, aerófonos y membranófonos. (Actualmente se han añadido instrumentos contemporáneos a las prácticas musicales en toda el área de la cultura hasaní).
Para entender la música hasaní, es indispensable conocer el juego de los principales instrumentos tradicionales, que podemos considerar, a cierto nivel, como el complemento o la imitación de la técnica vocal: los dos registros son solidarios e indisociables y contribuyen a la definición de la atmósfera modal requerida para subrayar el sentido del cuerpo poético.

El tidinît

Tidinit es un laúd a cuatro cuerdas: el bombo se excava por el artesano en una sola pieza de madera dándole una forma alargada. El parche está en piel de buey tensada mediante correas de piel o clavos de cobre. El mástil es una larga pieza cilíndrica de madera que está desprovista de virolas. El instrumento contiene cuatro cuerdas: 2 cuerdas largas afinadas en la cuarta y adaptadas para interpretar las melodías; dos cuerdas cortas que suenan siempre puestas en resonancia (llamadas cuerdas simpáticas). El Tidinit es un instrumento masculino.

Croquis de tidinît
Según Michel Gignard

Ardan, el  arpa  hasaní

Este instrumento cordófono tradicional, constituido de una caja de madera o de calabaza hemisférica, cubierta de piel ovina, y una manga de madera, es un instrumento exclusivamente de mujeres. Su piel está, a menudo, cubierta de cencerros metálicos que crepitan al tocar. Las cuerdas están tendidas de forma perpendicular con la caja, y anudadas con una pieza de madera horizontal pegada a la caja y la manga formando con esta última un ángulo obtuso de unos 120 grados.
 

Croquis de ardan
Según Michel Gignard

Otros instrumentos

Algunos instrumentos complementarios contribuyen a darle una forma melódica al canto (la nayfara, flauta travesera con 5 agujeros, la zuzaya, flauta  oblicua utilizada en el ámbito pastoral, rabab), y a reforzar el ritmo.

Los instrumentos de percusión

Actualmente, el empleo de tbal está generalizado en tanto que instrumento de percusión. Se golpea a mano desnuda y permite, como ritmo de base o como complemento del el ritmo, añadir variaciones o contrapuntos rítmicos, en las danzas y fragmentos de exaltación.
Las griots pueden también golpear el tbal bailando sentadas, como se suele hacer en esta secuencia notoria, en que interpretan las abluciones anteriores a la plegaria.

Músico con una nayfara, en el musem de Tan Tan

En los fragmentos  medidos interpretados por los griots, el ritmo de base debe ser escuchado permanentemente, pero, debe ser  amenizado con contrapuntos rítmicos. Cualquier objeto sonoro puede servir para concretar  este ritmo: barreño, bidón, vasos de té o incluso una caja de cerrillas. Las cajas de los instrumentos de cuerda (la del arpa ardan y, a veces, la de tidinit) pueden también ser utilizadas en el ritmo.

Azawân, música modal

Azawan, la música hasaní, es una música modal. En el sistema modal antiguo, los músicos siguen una secuencia de cuatro modos -Kar, Fagou, Seníma, Lebtayt- además de un plan modal estricto que comienza por el modo Kar y termina con lebtayt. Este plan modal codificado permite al auditorio, que llega tarde a la velada poético-musical, orientarse reconociendo exactamente la fase del concierto. Esta secuencia, compuesta de cuatro momentos, puede acortarse o prolongarse según el número de cantos e interludios que los poetas y músicos deciden incluir. Sin embargo, es inadmisible invertir el orden del paso de modos. Cada modo se subdivide en sub-modelos que son el producto de dos voces artificiales, la “voz negra” o “la voz blanca”.

La regla musical estricta, descrita más arriba, concierne únicamente las veladas poético-musicales tradicionales. Los nuevos músicos y cantantes se expresan hoy en día con muchas variaciones libres, que atestan del vigor de las influencias musicales contemporáneas.

Las Danzas

Las danzas del Marruecos sahariano, a través de sus diferentes variantes masculinas y femeninas, están circunscritas en un número limitado de movimientos: nada de gestos violentos, de saltos, de estremecimientos de vientre, ni de contoneo de caderas; en cambio, el acento se pone en el juego poético de los brazos, de las manos y de los dedos, gestos decorativos y estilizados. Muchas de las danzas colectivas saharianas poseen un carácter narrativo, incluyendo valores pedagógicos como la twiza (el trabajo solidario colectivo) y gestos cotidianos. Las danzas acaban en juegos solistas o en dúos, que enfrentan expresiones moderadas de fuerza y de sensualidad, propias del juego galante. Otras danzas, relacionadas con la celebración popular de las fiestas de matrimonio, suelen ser más espontáneas, que sueltan una explosión colectiva de alegría.





La guedra es, sin lugar a dudas, la danza más famosa del Marruecos sahariano. Se distingue por el son de la percusión que rompe el silencio nocturno y anuncia una velada calurosa y distendida. 
La danza se interpreta por una o muchas mujeres, que intervienen a menudo individualmente, una tras otra. Los hombres rodean la bailarina, que penetra dentro del círculo, el gur, avanzando de rodillas, drapeada,  parcialmente cubierta con velo, dejando aparecer sus manos adornadas con henna.

Una sola percusión (la guedra, tambor que lleva el mismo nombre) caracteriza la danza, que lleva el mismo nombre, cogida por el naggar. A menudo, el percusionista reproduce las palpitaciones de la realidad física que le rodea, como por ejemplo, los pasos de dromedarios. El primer ritmo es lento, parecido a los latidos del corazón humano. El coro que rodea la bailarina acompaña la guedra con palmadas. La bailarina pone de manifiesto su drapeado, la melhfa, y sus adornos en un juego contrastado de velo/descubierto. Al final se quita el velo descubriendo su cara. El tempo se intensifica con la respiración de la bailarina, animada por el frenesí que atrae asimismo a los espectadores. La bailarina explota toda su energía en la ejecución del ritual hasta el derrumbamiento.